Hablar de la muerte es, de hecho, hablar de la vida.
Pero no siempre tenemos el tiempo ni la valentía para hacerlo.
Seguimos postergando el tema, como si la finitud fuera algo lejano, reservado para otros... hasta que llama a la puerta, sin pedir permiso y, a menudo, sin avisar.
Lo cierto es que vivimos como si hubiera garantías.
Pero la vida no tiene fecha de caducidad impresa.
Y precisamente por eso escribo este texto: porque toda vida merece ser vivida con plena conciencia, experiencias intensas y un profundo significado.
Para hablar de finitud, necesitamos valentía y lucidez. No se trata de morbilidad; es un llamado a reflexionar y ampliar nuestra comprensión de la vida y la muerte, con mayor claridad y propósito.
Porque cuando reconoces que el tiempo de vida es limitado, empiezas a elegir con más cuidado:
Hablar de finitud no es el final de la conversación; es solo el comienzo de una mayor consciencia. Nos recuerda que, mientras haya vida, aún hay una oportunidad para amar, reparar, agradecer y comenzar de nuevo.
Y quizás te des cuenta de que ya no quieres esperar "un día" para vivir mejor. Quizás te des cuenta de que ha llegado el momento de crear una vida más alineada con tus valores, con autenticidad y verdadera satisfacción.
Si la vida te ha recordado la finitud a través de pérdidas, diagnósticos, miedos o incertidumbres, debes saber que es posible transitar este proceso acompañado de apoyo especializado y orientación emocional sólida.
Esta es una invitación a comenzar esta reflexión con orientación profesional. Si considera que es el momento de profundizar en los temas tratados aquí, las informaciones de contacto están disponible aquí en el sitio web para que podamos conversar al respecto.
Elizabeth Hernandez
Psicóloga | CRP 07/23235