La cama sigue en la esquina.
El plato de comida... aún no te has atrevido a guardarlo.
Llega la hora de tu paseo, e incluso sin él, tu cuerpo se levanta.
Es extraño cuando la rutina continúa, pero quien llenaba los huecos ya no está.
Durante tantos años, crearon un mundo solo para ustedes:
los horarios, los olores, los rituales.
Esa mirada que los entendía sin palabras.
La presencia que decía: "Estoy aquí, siempre he estado".
No solo duele la muerte.
Cuando fallece una mascota de edad avanzada, al principio es como si un trozo de tu propia historia ya no tuviera sentido.
Quien te acompañó en tantos momentos ya no está... y todo parece más vacío, más silencioso, más difícil de explicar.
Los viste envejecer, sentiste cuando su ritmo quedó más lento, cuando su nariz se volvió blanca, cuando el tiempo empezó a mostrar sus señales. Y, sin embargo, nunca parece suficiente prepararse.
Quizás ahora te preguntes:
Estas preguntas son comunes... y dolorosas.
Y por eso quiero recordarte algo importante: amar no significa controlarlo todo, sino estar presente con lo que tienes, de cualquier manera posible.
Cuidaste a tu mascota con cariño, y ese cuidado se sintió.
Incluso en los días difíciles, prestan atención a nuestro lenguaje corporal, gestos y tono de voz.
Lo que queda es el vínculo.
El amor vivido a lo largo de los años ha creado un vínculo profundo.
Y eso es lo que queda: un amor que la ausencia física no borra.
Si deseas hablar en privado sobre tu historia con tu mascota, estoy aquí para escucharte y ayudarte. Mi trabajo es acoger este duelo con respeto, con métodos terapéuticos que aportan serenidad y claridad para afrontar este momento.
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Elizabeth Hernández.
Psicóloga | CRP 07/23235